Rilke | Tal vez exista



No os dejéis engañar por las superficies; en las profundidades todo se vuelve  ley.

Y no se desoriente usted por la multiplicidad de los nombres y la complejidad de los casos. Tal vez exista por encima de todo una vasta maternidad como anhelo común. La hermosura de una virgen,  es maternidad que presiente y se prepara, teme y ansía. Y la belleza de la madre es maternidad servidora, y en la anciana hay un gran recuerdo. Y también en el hombre hay maternidad -me parece- espiritual y física; su engendrar es, asimismo, una manera de dar a luz; y hay alumbramiento cuando crea de su íntima plenitud. Tal vez los sexos sean más afines de lo que se piensa, y la gran renovación del mundo consistirá, quizá, en que hombre y mujer, liberados de todos los sentimientos y desplaceres, se busquen no como contrarios sino como hermanos y prójimos, y se asocien como humanos para sobrellevar sencilla, grave y pacientemente el arduo sexo que les ha sido impuesto.
Pero todo lo que, acaso, alguna vez sea posible para muchos, el solitario puede ya prepararlo y construirlo con sus manos, que se equivocan menos.
Por eso, querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; y que el son de su queja sea bello. Pues los que están cerca de usted están lejos, dice; y esto demuestra que se forma un ámbito en torno de usted. Y si su cercanía es lejana, entonces su ámbito ya linda con las estrellas y es casi infinito; regocíjese de su adelanto, en el cual, claro es, no puede llevar consigo a nadie, y sea bueno con los que se rezagan, y esté seguro de usted y tranquilo ante ellos, y no los atormente con sus dudas y no los intimide con su confianza o su gozo, que no podrían comprender. Procure cierto modo de comunión sencilla y leal con ellos, comunión que no debe cambiar necesariamente aun cuando usted mismo experimente sucesivas transformaciones; ame en ellos la vida bajo una forma extraña y sea indulgente con los hombres que envejecen, pues tienen la soledad en que usted confía.
No les pida usted consejo alguno y no cuente con la menor comprensión; pero crea en el amor que le está reservado como una herencia, y tenga por seguro que en este amor hay tal fuerza, tal bendición, que no necesitará salir de ellas para ir muy lejos.



Rainer. M. Rilke. Cartas a un joven poeta






 

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