Die Felder (Los campos) | Celan




SIEMPRE el mismo, aquel álamo
al filo del pensamiento.
Siempre el dedo que se alza
en la linde.

Mucho más adelante
vacila el surco en la tarde.
Pero la nube:
pasa.

Siempre el ojo.
Siempre el ojo cuyo párpado
alzas al resplandor
de su hermano bajado.
Siempre ese ojo.

Siempre ese ojo, cuya mirada
envuelve al mismo álamo, a aquel.

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