Argumentum e silentio | Celan



Encadenada
entre oro y olvido:
la noche.
Ambos trataron de asirla.
A ambos les dejó hacer.

Coloca,
coloca  también tú ahora allí lo que alzarse
quiere con el albor junto a los días:
la palabra que  estrellas sobrevuelan,
la que mares sumergen.

A cada cual su palabra.
A cada cual  la palabra que cantó para él
cuando la jauría le atacó por la espalda -
A cada uno la palabra que cantó para él y se congeló.

A ella, a la noche,
la palabra que  estrellas sobrevuelan, la que mares sumergen

a ella la palabra silenciada,

a la que no se le heló la sangre cuando el colmillo venenoso
atravesó  las sílabas.



A ella la palabra silenciada

Contra las otras que, pronto,
prostituidas por los oídos de los verdugos,
escalarán también el tiempo, los tiempos,



La evidencia, al fin

Al fin cuando sólo cadenas resuenan

pone en evidencia a la que allí reposa
entre oro y olvido,
hermanada de siempre a ambos -

Pues ¿dónde
clarea, di, sino junto a ella,
que en la cuenca fluvial de su lágrima
muestra una y otra vez la siembra a los soles
que se sumergen?

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