y sabe que es subalterno su propio oficio | Emerson
¿Qué razón me asiste para escribir
sobre la Prudencia, de la cual tengo tan poco y ésta de clase negativa? Mi
prudencia estriba en esquivar y prescindir, no en saber inventar medios y
métodos ni en gobernar hábilmente ni en dirigir con suavidad. No tengo destreza
ninguna para emplear bien mi dinero ni desarrollo dotes intelectuales en mi economía;
y cualquiera que ve mi jardín ha de entender que yo debiera tener otro. No
obstante, amo los hechos, aborrezco la inconstancia y la gente que carece de
percepción. Así, pues, tengo igual causa para escribir de la prudencia que para
escribir de poesía o de santidad. Escribimos por aspiración y antagonismo, así
como por experiencia. Pintamos las cualidades que no poseemos. Admira el poeta
al hombre de tacto y energía; el mercader educa a su hijo para la iglesia o
para el foro; y cuando un hombre se expresa sinceramente, sin vanidad ni
egoísmo, sabréis lo que no tiene viendo lo que alaba. Además, poco honrado
sería en mí no contrapesar las suaves palabras líricas Amor y Amistad con
palabras de sonido áspero, ya que lo que debo a los sentidos es real y constante
y así lo hago constar, aunque al pasar.
Es la prudencia virtud de los
sentidos. Es la ciencia de las apariencias. La expresión externa de la vida
interior. Es Dios haciendo pensar a los bueyes. Mueve la materia según las
leyes de la materia. Se contenta con buscar la salud del cuerpo,
condescendiendo con las condiciones físicas, y la salud de la mente por las
leyes de la inteligencia.
Es mundo de apariencias el de los
sentidos. No existe por sí mismo, sino que tiene un carácter simbólico; y una
prudencia verdadera, o ley de apariencias, reconoce la co-presencia de otras
leyes y sabe que es subalterno su propio oficio, que donde trabaja es en la
superficie, no en el centro. La prudencia falsa es cuando se destaca. Es
legítima, cuanto es la historia natural del alma encarnada, cuando revela la
hermosura de las leyes, dentro del espacio reducido de los sentidos.
Muchos grados hay de progreso en el
conocimiento del mundo. Basta indicar tres para nuestro fin. Una clase vive
para la utilidad del símbolo; apreciando la salud y la riqueza como bien
postrero. Otra clase vive sobre este nivel, para la belleza del símbolo; como
lo son el poeta, el artista, el naturalista y el científico. La tercera clase
vive sobre la belleza del símbolo, para la¡ belleza de la cosa significada;
tales los sabios. La primera clase tiene sentido común; la segunda gusto, y la
tercera posee percepción espiritual. Una vez, en muchos años, un hombre
atraviesa toda la escala y ve y disfruta sólidamente el símbolo; entonces tiene
también una clara visión de la belleza; y, por fin, cuando fija su tienda en
esta sagrada isla volcánica de la naturaleza, no se propone edificar casas y
granjas, sino que reverencia la gloria de Dios que se ve aparecer a través de
cada grieta y de cada hendidura.
Ralph Waldo Emerson, IV Prudencia de LA HISTORIA Y OTROS ENSAYOS
Comentarios
Publicar un comentario