Y cada uno
Cuando tenía doce
años, Cosimo Piovasco, barón de Rondó, en un gesto de rebelión familiar,
se encaramó a una encina del jardín de la casa paterna. Desde entonces,
y hasta el final de su vida, Cosimo permanece fiel a esta disciplina.
"Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias" Ítalo Calvino
- Un gentilhombre, señor padre, lo es tanto estando en tierra como en la cima de los árboles- respondió Cosimo, y agregó en seguida-: si se comporta rectamente.
(...)
-Y ahora os asociáis con los peores bastardos y pordioseros.
-No, señor padre, yo estoy por mi cuenta, y cada uno por la propia- dijo Cosimo, firme.
-Os solicito que bajéis al suelo- dijo el Barón con voz sosegada, casi apagada- y retoméis los deberes de vuestro estado.
-No pienso obedeceros, señor padre -dijo Cosimo-, lo siento.
(...)
-La rebelión no se mide por metros-dijo-. Incluso cuando parece de pocos palmos, un viaje puede quedase sin retorno.
Mi hermano habría podido dar otra noble respuesta, acaso una máxima latina; ahora no se me ocurre ninguna pero entonces sabíamos muchas de memoria. Pero ya se había aburrido de estar allí tan solemne; sacó la lengua y gritó:-¡Pero yo desde los árboles meo más lejos!-
(...) El Barón se volvió, sacó un brazo de la capa y señalando al cielo que se había cargado rápidamente de nubes negras exclamó: -¡Cuidado, hijo, hay Quien puede mear sobre todos nosotros¡- y picó las espuelas.
"Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias" Ítalo Calvino
- Un gentilhombre, señor padre, lo es tanto estando en tierra como en la cima de los árboles- respondió Cosimo, y agregó en seguida-: si se comporta rectamente.
(...)
-Y ahora os asociáis con los peores bastardos y pordioseros.
-No, señor padre, yo estoy por mi cuenta, y cada uno por la propia- dijo Cosimo, firme.
-Os solicito que bajéis al suelo- dijo el Barón con voz sosegada, casi apagada- y retoméis los deberes de vuestro estado.
-No pienso obedeceros, señor padre -dijo Cosimo-, lo siento.
(...)
-La rebelión no se mide por metros-dijo-. Incluso cuando parece de pocos palmos, un viaje puede quedase sin retorno.
Mi hermano habría podido dar otra noble respuesta, acaso una máxima latina; ahora no se me ocurre ninguna pero entonces sabíamos muchas de memoria. Pero ya se había aburrido de estar allí tan solemne; sacó la lengua y gritó:-¡Pero yo desde los árboles meo más lejos!-
(...) El Barón se volvió, sacó un brazo de la capa y señalando al cielo que se había cargado rápidamente de nubes negras exclamó: -¡Cuidado, hijo, hay Quien puede mear sobre todos nosotros¡- y picó las espuelas.
El barón rampante, Italo Calvino
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