Niño dibujado con pluma

(...) El propio niño ayudará a su domesticación: es esforzado y coopera. Coopera sin saber que esa ayuda es para su autosacrificio. Últimamente ha incluso practicado mucho. Y así continuará progresando hasta que, poco a poco, - por la bondad necesaria con que nos salvamos - él pasará del tiempo actual al tiempo cotidiano, de la meditación a la expresión, de la existencia a la vida. Haciendo el gran sacrificio de no ser loco. Yo no soy loca por solidaridad con millares de nostros que, para construir lo posible, también sacrificaron la verdad que sería una locura.
Pero por ahora allí está sentado en el piso, inmerso en un vacío profundo. (...)

Lispector, Clarice. Revelación de un mundo.

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