locos, tontos, idiotas y asnos

Caronte en Luciano, según lo figura ingeniosamente, fue conducido por Mercurio a un lugar tal que podía ver todo el mundo de una vez; tras haber visto y mirado suficientemente, Mercurio quiso que le dijera qué había observado. Le dijo que había visto una multitud vasta y promiscua, sus habitaciones como toperas, los hombres como hormigas: "podía discernir ciudades, como tantas otras colmenas, en las que cada abeja tenía un aguijón y no hacían más que aguijonase una a la otra, algunos dominaban como abejorros más grandes que los otros, otros eran como avispas saqueadoras, otros como zánganos." Sobre sus cabezas revoloteaba una confusa compañía de perturbaciones - espranza, miedo, ira, avaricia, ignorncia, etc. - y pendía una multitud de dolencias, a las que no dejaban de atraer hacia sus coronillas. Algunos pendenciaban, otros pelaban, cabalgaban, corrían, sollicite ambientes, callide litiganes (pleiteando con vehmencia o litigando con astucia) por juguetes y fruslerías y tales cosas momentáneas; sus pueblos y provincias, meras facciones. Ricos contra pobres, pobres contra ricos, nobles contra artífices, éstos contra los nobles, y los demás, también. En conclusión, los condenó a todos por locos, tontos, idiotas y asnos: O stulti queanam haec est amentia? Oh, tontos, oh, locos! exclama insana studia, insani labores, etc. Locas empresas, locas acciones, locos, locos, locos. Heráclito, el filósofo, tras una seria meditación sobre las vidas de los hombres, se hechó a llorar y con contínuas lágrimas lamentó su miseria, locura y folía. Demócrito, por otro lado, estalló en risas, todas sus vidas le parecían tan ridículas...

Robert Burton, Anantomía de la melancolía.

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