Desierto

Soy hombre de escritura. El texto es mi silencio y mi grito. Mi pensamiento avanza soportado por el vocablo, movido por el ritmo de lo escrito. Ahí donde pierde el aliento, me derrumbo.

La experiencia del desierto fue, para mí, predominante. Entre el cielo y la arena, entre el Todo y la Nada, la pregunta es quemante. Arde y no se consume. Arde por sí misma en el vacío. La experiencia del desierto es también la escucha, la extrema escucha. No solamente se oye lo que en ninguna otra parte se oiría, el verdadero silencio cruel y doloroso, porque incluso pareciera reprocharle al corazón sus latidos.
Yo he tratado, como el nómada a su desierto, de circunscribir el territorio de blancura de la página; de convertirlo en mi verdadero lugar.

Me inclino a pensar que nuestra nada y la de Dios no tienen la misma amplitud. Una envuelve a la otra. Bajo esta óptica concibo", escribía Reb Hamouna.
Y para ilustrarlo agregaba: "Imagino al día engullendo a la noche, luego a la noche engullendo al día. Nunca seremos otra cosa que nada en la nada, círculo dentro del círculo."

Edmond Jabés

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