(...)
 ¡Es imposible decir precisamente lo que quiero decir!
Pero si una linterna mágica proyectara los nervios como estructuras en una pantalla:
habría valido la pena,
de que alguna, acomodándose una almohada o tirando a un lado un chal, 
y volviéndose a la ventana dijera:
"Eso no es en absoluto,
eso no es  lo que yo quería decir en absoluto"

(...)
Nos hemos demorado en las cámaras del mar
junto a ondinas enguirnaldadas de algas, en rojo y pardo,
hasta que nos despierten voces humanas y nos ahoguemos.

T. S. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufrock

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