Ay

Miraba hacia el piso como quien tiene que guardar la ingenuidad de su fervor sin mostrársela a nadie: una esperanza, un deseo de hacer (en este mundo inútil), que renace, y que requiere todavía más pudor. Ay entre nosotros de aquel que se descubre. Y con la cabeza baja, seguí caminando, para esconder aquello que hace del hombre, en cambio, digno de su nombre.

Pier Paolo Pasolini, La divina mímesis.

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