¡Atreveos! Olvidad lo que habéis heredado, lo que adquiristeis, lo que aprendisteis por boca de vuestros padres, los usos y las leyes, los nombres de los antiguos dioses, olvidadlo y, audaces, posad la mirada sobre la naturaleza divina. Y cuando el espíritu se inflame en la luz celeste y, como por vez primera, se vierta en vuestro pecho un dulce hálito, y plenos de dorados frutos murmuren los bosques y el manantial que brota de la roca. Cuando la vida del mundo os conmueva con la paz de su espíritu y meza vuestra alma con un sagrado cántico, entonces entre el maravilloso alborear de la delicia surgirá renacido el verdor de la tierra, las montañas y el mar (...). Entonces os daréis de nuevo las manos, mantendréis la palabra y os repartiréis el bien común (...). Descansará la vida en justas órdenes cual esbeltas columnas y vuestra unión confirmará la ley. Entonces, oh genios de la naturaleza mudable, el pueblo libre os invitará a la fiesta. ¡Sed hospitalarios y piadosos, pues sólo cuando aman son buenos los mortales! ¡Que la esclavitud y la pena no encojan vuestro pecho!
Friederich Hölderlin
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